sábado, 13 de agosto de 2011

Salta reconoce la Identidad de Género a personas trans



El día viernes 12 de agosto del corriente año por Resolución 712/2011 del Ministerio de Gobierno, Seguridad y Derechos Humanos de la provincia, a cargo del Dr. Pablo Kosiner, Salta se convirtió en la segunda provincia en reconocer la Identidad de Género a personas trans por vía administrativa.
A partir de una presentación de Asociación en Lucha por la Diversidad Sexual (ALuDiS) e instrumentada por la Dra. Natalia Buira -Defensora Oficial en lo Civil- se presentó la adhesión colectiva que demandaba el reconocimiento de dos ciudadanas transexuales salteñas. De esta forma el reconocimiento de la identidad de género de personas trans en la provincia es una realidad.
Desde ALuDiS queremos expresar nuestro mayor reconocimiento a la Dra. Natalia Buira por apoyarnos en este pedido; todo su tiempo, su dedicación, el coraje con el que luchó para que el cambio registral del nombre a personas trans se apruebe es un hecho que va más allá de la trascendencia histórica, es un acto de amor a la humanidad.
Gracias también a todas aquellos ciudadanos salteños que dieron su adhesión al petitorio; fundaciones, organizaciones de la sociedad civil, agrupaciones políticas. Gracias a los periodistas que dieron difusión al caso de Pia Ceballos. Gracias a la comunidad en general por el apoyo recibido. Gracias a las autoridades del Registro Civil y al Dr. Pablo Kosiner.
Estamos convencidos y convencidas de que vamos por una ciudad mejor. Muchas gracias Salta.

Asociación en Lucha por la Diversidad Sexual (Salta, 13 de agosto del 2011)

sábado, 30 de julio de 2011



Por Marta Dillon (SOY)


La semana que viene comienza en Córdoba el juicio por el asesinato de Natalia “la Pepa” Gaitán, asesinada a quemarropa por quien era el padrastro de su novia. El crimen fue cometido por ser lesbiana en marzo de 2010. La historia de la Pepa, como le gustaba que la llamaran, delata no sólo la violencia social que suelen sufrir lesbianas, gays y trans más allá de los avances legislativos, sino también cómo esta violencia se hace más cruel cuando las víctimas eligen vivir por fuera del estereotipo que les imponen.

El calor apretaba en el barrio Parque Liceo al atardecer del 6 de marzo de 2010. Sobre todo en la 3era. sección, allí donde el asfalto todavía no llega y el polvo se levanta y se mete en la boca y la nariz como plástico, una película asfixiante que pide mate, cerveza, agua, cualquier líquido que sirva para disimular una sed, que es también la sed por la noche de sábado que se avecina y que empieza a prepararse en rondas de vecinos y vecinas que parlotean en la calle porque así es el barrio y porque adentro apenas se puede respirar.

El estruendo de la moto enduro de la Pepa Gaitán era parte del folclore del barrio, por ahí solía andar eligiendo quién la acompañaría a ver a Belgrano de Córdoba los domingos de partido o invitando a un picadito en la plaza a los nenes y las nenas a los que durante la semana ayudaba a terminar la tarea antes de servirles la merienda en la sede social Lucía Pía, que su padre y su madre habían levantado para dar contención social a las mamás que no tenían con quién dejar a sus hijos cuando iban a trabajar. Era compradora, la Pepa. Ahí donde aparecía siempre se escuchaba como un gorjeo alguna carcajada y las súplicas de los más chicos por una vuelta en esa montura metálica que se acomodaba entre las piernas y que lucía como una insignia el nombre de su padre fallecido un año atrás: José. Ella siempre estaba dando una mano, dicen en el barrio, consiguiendo changas para uno, guardapolvos blancos para otra, siempre sabía qué decir cuando frente a la desgracia ajena se abría el silencio.

Ese sábado, sin embargo, no se la esperaba por esa sección del Parque Liceo. Por eso cuando se escuchó el bramido de la moto las miradas siguieron la estela de polvo como en una coreografía. Desde que Dayana se había mudado con ella, la Pepa no había vuelto por ahí. Para qué, la madre de su novia no soportaba la relación. Se llamaba Silvia y a medio barrio le había contado que estaba enamorada de la Pepa, que no sabía qué iba a hacer con su marido, Daniel Torres, un albañil desocupado y violento al que la Pepa le había conseguido changas para hacerle un favor a la familia. Silvia no se quedó en el molde, dos meses habían pasado desde que Dayana y Pepa estaban juntas y le habían alcanzado para echar a su hija de la casa, denunciarla en la comisaría por fuga de hogar, presentarse en un juzgado para decir que estaba preocupada por la homosexualidad de su hija y acusar a Pepa de corromperla. Demasiada información para Torres, que ya venía pensando cómo terminar con esa cantinela que lo dejaba tan mal parado como macho. Esa torta no lo iba a humillar, más le valía que le tuviera miedo, ¿o acaso no veía el odio que se inyectaba en sus ojos cada vez que la cruzaba y apuntaba contra ella el pulgar y el índice antes de fingir un disparo?

Lorena Gaitán sí lo había notado. Ella era muy pegada a su hermana mayor, mucho más alta que la Pepa aunque menos hábil con los puños. A Lorena nunca se le hubiera ocurrido medirse en el vale todo, esa disciplina cruenta de lucha que se da en un ring y viene definida por el título. “El Daniel siempre la miró con odio a la Pepa, se le notaba el rechazo, pero ella no se quería dar cuenta; nunca quería fijarse cuando la miraban mal porque de chica ya había sufrido mucho por eso. Si yo hubiera sabido que la amenazaba hubiera hecho algo, porque yo por mi hermana daba todo.”

Ni Lorena ni la Pepa midieron la distancia irreductible a la que podía llegar el odio.

No la midió la Pepa cuando ese 6 de marzo de 2010 se metió en una discusión entre Silvia, la madre de su novia, y Gaby, su mejor amiga. No la midió Silvia, siquiera, que apenas alcanzó a correr el cuerpo cuando el caño de la escopeta que empuñaba su pareja apuntó contra la Pepa y se deshizo en un centenar de perdigones que le destrozaron el hombro derecho. Esa escopeta que Torres había pedido prestada dos semanas antes todavía olía a pólvora y a muerte cuando el hombre la revoleó sobre un techo y el barrio se despegaba el polvo de las gargantas con un griterío desesperado que acompañó como un obituario las últimas horas de la Pepa Gaitán.
Lesbofobia

La respuesta no es directa, pero en su desvío aparece la violencia: “Lo que pasa es que a mí no se me nota”. La enunciaron una abogada, una chica que trabaja en limpieza de una escuela, dos estudiantes universitarias, una trabajadora social y una maestra jardinera. Todas lesbianas que contestaron en distintos momentos a la misma pregunta sobre su registro de la lesbofobia en Córdoba, la ciudad donde viven y trabajan, ahí donde Natalia “La Pepa” Gaitán recibió un tiro a quemarropa, en plena calle, el 6 de marzo de 2010. “A mí no se me nota”, dijeron marcando la distancia entre lo que le sucedió aquel atardecer y sus propias experiencias de vida, aunque ninguna de ellas ponga en duda que a la Pepa la mataron por ser lesbiana.

Es que aunque haya que desbrozar el territorio para dejar desnuda a una brutalidad que acecha es en ese disimulo no buscado donde se advierte el límite de lo que es posible expresar, manifestar, vivir abiertamente. Se puede ser lesbiana y pasar desapercibida; cruzar la barrera de la visibilidad, en cambio, tiene su costo aun después de haber sido sancionada la ley de matrimonio igualitario. Un costo que si se paga con la vida es la excepción de una regla que mide en violencias solapadas. “A mí no se me nota –dice Karen, una joven de 22, mamá de un hijo, ex novia de la Pepa–, si me ves en la calle no te das cuenta, pero tengo, bah, tenía una compañera en la escuela donde trabajo que sí se le notaba y que la terminaron echando del trabajo. Las chicas que son más chonguitas no consiguen trabajo, a no ser de remiseras. Pero igual, aunque no se me note no puedo ir al cuarteto porque la pasás mal si se dan cuenta.”

A la Pepa Gaitán se le notaba; aunque ella no usara la palabra lesbiana para definirse. Lo que se le notaba era otra cosa: un desapego radical por todo lo que se supone que debe ser una mujer. Ni siquiera parecía una mujer y estaba orgullosa por eso. Y también por eso sólo le permitía a su familia y en la intimidad que la llamaran Nati. “La primera vez que me llevó a un boliche, mi hermana me agarró y me dijo: ‘Lore, acá no se te ocurra llamarme Nati porque te reviento, acá soy Pepa, no más’. Y era así, Pepa o Chori, le decían. Y todo el mundo la saludaba, todas la querían en el ambiente.” El “ambiente” es esa manera de nombrar sin decir la pertenencia a una comunidad de pares en la que no hace falta enunciar la orientación sexual o la identidad de género disidente. El ambiente es una zona protegida en la que no hay lugar para el equívoco ni para la agresión. “Nosotras no íbamos al cuarteto aunque nos gustaba –sigue Lorena–; una vez quisimos ir al baile de La Banda 21 y no pudimos entrar porque la policía te hace a un lado. A mi hermana le pegó bien fuerte en los pechos un cana y yo salté enseguida; al final me terminó sacando de los pelos también a mí. Por eso íbamos sólo a boliches de ambiente, porque ahí no te joden y podés estar con tu novia, tranquila.”

Graciela Vázquez, la mamá de Pepa, la tercera entre dos hermanos mayores y dos hermanas menores, sabe de lesbofobia aunque aprendió a pronunciar esa palabra después del homicidio de su hija. “La Nati ya ni iba a los boliches porque se cansaba de que la discriminaran en la calle. Prefería quedarse acá, con la familia, tomarse unas cervezas con las amigas o las novias, porque nosotros desde que nos dimos cuenta ya no la jodimos más. ¡Pero sabés las veces que nos ha parado la policía! ¡Se gastaban los codos entre ellos mirándole el documento y mirándola a ella! ‘¿Qué? ¿Nunca viste una mujer macho?’, les decía yo mientras ella se hacía la que estaba en otra cosa, mirando el celular. Una aprende, aprende a la fuerza. La Nati ya a los 12 años empezó con eso de cortarse el pelo, de hacer todo lo contrario a lo que hacen las nenas. Con mi marido decíamos, bueno, será una machorra, hasta que quiso suicidarse, no una vez sino tres veces seguidas. Y ahí estuvo internada en un psiquiátrico para niños como tres meses. Después seguimos con la psicóloga como un año, que decía puras pavadas. Hasta que yo un día me di cuenta y le dije a mi marido: ‘¿Querés que te diga una cosa, José? La Nati no es una nena, mi hija es un varón’. El por supuesto que no quería saber nada, pero se tuvo que convencer. Mi marido leía mucho y se angustiaba porque pensaba que la Nati iba a ser infeliz, que la iban a discriminar, no podía aguantar su sufrimiento. Pero lo mismo lo tuvo que aguantar y los primeros que íbamos a aminorarle el sufrimiento éramos nosotros. Y lo mismo le dije a la psicóloga: ‘Mire doctora, yo respeto su matrícula pero usted respéteme como madre que soy, esto se termina acá, mi hija va a ser lo que quiera y se acabó el asunto’. Y así fue. Se acabaron las sesiones, se acabó todo. Ella hizo su vida y punto, siempre se la respetamos. Una sola vez me vino toda golpeada de la plaza, llorando porque los hermanos le habían pegado. Que se estaba besando con una chica, decían. Pero con mi marido les paramos el carro, en esta casa se respeta a todo el mundo y más a la hermana de ustedes, los únicos que podemos retar somos los padres y se acabó.”

Porque conocía de qué se trataba el desprecio, porque le había puesto el cuerpo más de una vez para que su hija inventase que no le afectaba, Graciela Vázquez fue la primera que ofreció una razón para un homicidio que parecía gratuito: “A mi hija la mataron por ser lesbiana”, dijo y repitió cientos de veces a quien la quisiera escuchar y donde la quisieran escuchar desde hace más de un año. “Torres la mató como a un perro, no le dio tiempo ni a defenderse, ¿sabés por qué? Porque la Nati lo hubiera cagado a trompadas. Y el muy cobarde no se atrevió a medirse con ella, él tenía que demostrar su superioridad y por eso directamente le disparó. Yo no eché a mi hija a la calle como un perro como hacen tantas porque era lesbiana. Y sin embargo me la mataron como a un perro.”

Hay una grieta que se abre en el relato sobre la muerte de la Pepa Gaitán, al menos en esa afirmación que se repite: la mataron por lesbiana. La grieta está en esa palabra, lesbiana, porque dicha así no alcanza a nombrar a quien era la Pepa. “Ella me pedía que le dijera ‘gordo’, era querendón y caballero, presumido, siempre tenía una sonrisa o un chiste para que se te pase el enojo. Era un chongo –dice La Turca, otra de sus ex novias–, y los hombres tienen miedo en su condición masculina de las mujeres masculinas porque ellas nunca van a ser vulgares para decir piropos, ellas son más atentos, es como que combinan lo mejor de los dos.”

Fabiola también era amiga de la Pepa y también da fe de la desconfianza que generaba ella en los hombres. Si hasta se separó del padre de su hija porque en un momento quiso prohibirle que se siguieran viendo: “Es como que le tenía desconfianza y yo no iba a dejar de ver a la Pepa porque era mi amiga del alma, era como un pibe, sí, pero muy solidaria. A mí me buscaba porque conmigo se sentía protegida, me pedía que la acompañara a comprarse ropa porque la miraban mal cuando iba a los negocios de hombres. Y eso que no era un morochito, pero igual la discriminaban, se sentía muy perseguida”. Fabiola es empleada y tiene una hija a la que la Pepa le puso su nombre, Alma Celeste. No eran del mismo barrio con la Pepa y no sabía nada de las amenazas de Torres y apenas puede creer que ese muchachito ambiguo que conoció cuando las dos trabajaban en un albergue transitorio haya muerto asesinada.

“A mi hermana la mataron por lesbiana, se sentía un varón y eso generaba más rechazo. Yo lo sé porque a mí me gustan las chicas más masculinas y por ahí voy con mi pareja a un bar y no nos atienden o lo que pedimos nos dicen que no lo tienen. Es muy feo el rechazo y mi hermana sufrió mucho por eso. Y yo veía cómo la miraba ese Torres, con asco, con desprecio y esa mirada ya la había visto otras veces”, cierra Lorena.

Tal vez la palabra lesbiana sea insuficiente. O tal vez lo que dice el asesinato de la Pepa Gaitán es que hay muchas maneras de ser lesbiana y que algunas resultan más insoportables que otras.
El juicio

Natalia Millisenda no conoció a la Pepa Gaitán pero fue a su velorio. Ella formaba parte del grupo cordobés Devenir Diverse y era una de las voces que se hicieron oír públicamente argumentando a favor del matrimonio igualitario. Supo por un periodista que habían matado a una chica por ser lesbiana y allí fue, a ponerse a disposición. “Graciela me aceptó de inmediato como abogada, en ese mismo momento. Me llevó hasta el cajón, que estaba cerrado, y me mostró su foto; quería que conociera a quien iba a defender.” Después de más de un año y cuando falta menos de una semana para que empiece el juicio, Natalia forjó una relación entrañable con Graciela Vázquez y su misión, dice, es construir un mensaje: que se entienda que la lesbofobia y también la homofobia y la transfobia, matan. “La primera vez que me reuní con la fiscal de instrucción me preguntó qué sentido tenía hablar de la orientación sexual de la víctima. Me tomó tiempo que entendiera que yo no tenía nada que hacer ahí si no era por eso. Es cierto que la ley penal tal como está no considera los crímenes de odio contra personas lesbianas, gays o trans, pero la ley antidiscriminatoria que considera agravantes de homicidio a los que se cometen en función de la raza, la religión o la ideología política también debería incluir a estos crímenes. Porque Daniel Torres apretó el gatillo, pero hay todo un sistema social que lo sostiene y que dice, de alguna manera, que está bien pegarle un tiro a una lesbiana porque, en definitiva, somos menos persona.”

Al barrio Parque Liceo llegó un comentario que fue pasando de boca en boca desde el penal de Bouer donde estuvo detenido Torres en primer término: dice ese murmullo que cuando llegó a la celda el hombre de jactó “de haber matado a una torta de mierda”. Lo dicen como si quedara claro que con esas pocas palabras podría cosechar cierta complicidad entre los reos, como si jactara de haber hecho justicia. Es un comentario, nada más, pero de algo habla la insistencia con que se repite. De algún modo, resulta creíble.

“Lo que yo también quiero probar en el juicio es la premeditación. Porque está demostrado que Torres pidió prestada el arma al mismo tiempo que empezaron las amenazas. Después declaró que era porque había sufrido un hecho de inseguridad y eso los vecinos del barrio lo desmintieron. De todos modos yo no suscribo esos pedidos que hablan de que ‘se pudra en la cárcel’. Sí tiene que ser juzgado y castigado pero sobre todo este caso tiene que servir para hacer una reflexión social.”

Natalia es una de las que repitió esa frase que marca un límite entre lo que se nota y no se nota. Pero sabe, por experiencia personal, que “caminar de la mano por la calle, todavía hoy, es para que te miren”. Ella no tiene otro registro individual de la lesbofobia, pero no puede evitar quebrarse cuando recuerda el costo que tuvo para ella hacerse visible en todos los medios de comunicación durante la discusión por el matrimonio igualitario: se quedó sola, al menos aislada de su familia de origen, con quienes lentamente está recuperando los vínculos. “Ser una lesbiana femenina te permite zafar mejor, eso es cierto. Pero hay algo más que tendríamos que registrar quienes militamos en la diversidad: mi autocrítica, al menos aquí en Córdoba, es que nos cuesta mucho mirar lo que pasa en los barrios. Los activistas visibles somos de clase media, la mayoría estudiantes o universitarios y a veces conseguimos reconocimientos formales que después no podemos sostener. Por poner un ejemplo, en Río Tercero, en Villa María y en Villa Carlos Paz hemos logrado que por ley se les permita a las personas trans acceder a los boliches donde antes tenían la entrada prohibida. Y esto está buenísimo, ¿pero quién acompaña a la gente a la puerta de los boliches? Hay que reconocer que a veces se expone a la gente a más violencia.”

En Córdoba, allí donde Natalia Gaitán fue asesinada a quemarropa, todavía rigen códigos de faltas que permiten a la policía detener a gays, lesbianas o trans aludiendo a “faltas de moral pública”. Seguramente ya no se podrá detener a un matrimonio que pasea de la mano por la vía pública. Resulta fácil imaginar la detención de cualquier persona, como podría haber sido la Pepa, cuyo nombre en el documento no coincide con su expresión de género. De estas distancias que no son sólo territoriales aunque también cercan determinados territorios, que se expanden según privilegios de clase y de recursos, que se tornan abismos cuando se encarna una u otra identidad de género, habla la vida y la muerte de la Pepa Gaitán, 27 años, “el Gordo” para sus ex novias, un caballero, siempre perfumado, siempre galante con las chicas y solidaria con quien lo necesitaba; hábil para el fútbol y para las motos; una trabajadora social sin título en el barrio Parque Liceo, en la periferia de Córdoba, asesinada por ser quien era. Fusilada por el odio que despertaba ser quien era y no tener ninguna intención de ocultarlo. Porque esa manera de ser quien era ponía en jaque esa trama tan bien tejida de lo que se supone que debe ser un hombre, que debe ser una mujer, aun más allá de la orientación sexual.


domingo, 10 de julio de 2011

Primer pedido de reconocimiento de identidad de género en Salta

El pasado viernes 24 de junio María Pía Ceballos solicitó ante las autoridades del Instituto de Educación Superior Gral. Manuel Belgrano Nº6.001 de la ciudad de Salta, el reconocimiento de su identidad de género en el ámbito educativo. Por medio de un documento que adjunta los proyectos de ley de la diputada socialista Silvia Augsburger y el de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT); de ser resuelto favorablemente, el pedido será un antecedente histórico para el sistema educativo de la provincia.
El antiquísimo instituto educativo, más conocido como la Escuela Normal de Salta, es el primero en la región noroeste argentina en recibir un pedido de este tipo. Sustenta la solicitud de reconocimiento de identidad de género de una mujer trans en el ámbito institucional las resoluciones del Consejo Directivo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (2010) que resolvió que: “las personas travestis, transexuales y transgénero deben ser llamadas por el nombre sentido, autopercibido, o identitario en el ámbito de su competencia” ; la resolución Nº 25/08 del Consejo Directivo de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata (2008) que determinó que: “en todas las dependencias y claustros de su Facultad deberán, bajo toda circunstancia, respetar la identidad de género adoptada o autopercibida de quienes asistan a la misma”; la misma línea siguió el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario el año pasado, y posteriormente la propia Universidad Nacional de Rosario por medio del Programa Universitario de Diversidad Sexual.

Así mismo, es el primer pedido de reconocimiento identitario en donde se hace alusión al histórico fallo anunciado recientemente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre el reconocimiento explícito de los Derechos Humanos en cuestiones de orientación sexual e identidad de género; que brega por erradicar la discriminación, y ponerle fin a los crímenes de odio y abusos que sufre el colectivo LGBT en el mundo. Acompañan todos estos fundamentos diversos pactos internacionales, la Convención Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la propia Constitución Nacional (Art. 75 inc. 22) en relación a este tema.

¿Quién es esa chica?

Pía Ceballos, quien cursa el Profesorado del tercer ciclo del EGB y de la Educación polimodal en Ciencia Política estuvo acompañada al momento de presentar el petitorio por sus compañeros y compañeras de estudio, varios profesores y representantes de la Asociación en Lucha por la Diversidad Sexual (ALUDIS). “Estos compañeros, profesores y amigos del alma que me apoyan, ya me reconocen como Pía, ahora vamos por la institución educativa y más adelante será el Estado quien nos deberá reconocer por quienes somos realmente, no a través de un fallo judicial que dependa del juez que entienda en la causa; la ley de Identidad de Género es una necesidad urgente para cientos de personas trans en nuestro país que ven vulnerados sus derechos como ciudadanos”, expresó María Pía luego del emotivo y trascendente hecho. Además señaló que las autoridades de la Normal se mostraron respetuosas y hasta el momento no presentaron objeción alguna, ahora sólo queda esperar el resultado, pero más allá del desenlace de este caso puntual, se abre un panorama amplio que puede llegar a marcar un antes y un después en el sistema educativo de una provincia como Salta, en la cual los temas referidos a la educación son bastardeados constantemente por los medios de comunicación nacionales, demostrando que la provincia en esta materia se quedó en los noventa.

Así Pía Ceballos se convirtió en la primera activista trans en presentar el reconocimiento de su nombre ante una institución educativa en la provincia de Salta y se suma a al movimiento encabezado a nivel nacional por figuras de mayor trascendencia mediática como Marcela Romero (Asociación de Travestis Transexuales y Transgéneros de Argentina), Alejandro Iglesias (ex participante del reality show Gran Hermano, devenido en militante), y la propia actriz Florencia Trinidad, más conocida como Flor de la V, entre otrxs.

Ley de Identidad de Género ¡Ya!

De ser positiva la respuesta, el caso de María Pía sentaría precedentes y permitiría a muchas personas trans acceder al sistema educativo con el respeto a su identidad, que forma una parte constitutiva del ser humano; disminuiría la deserción escolar por el acoso que sufren los chicos y chicas trans en las escuelas, y la falta de acompañamiento de los padres; mejoraría cualitativamente su calidad de vida, ya que al ser reconocidos y reconocidas por su nombre su auto-percepción y la aceptación social colaboraría al cambio cultural que atraviesa el país durante los últimos años. Todas estas cosas pasarían, por eso es necesario que la ley de Identidad de Género sea una realidad y se concrete en lo fáctico.

El consenso social para la aprobación de esta ley existe, el acuerdo político -incluso por los partidos considerados conservadores- también. Por lo anteriormente expuesto no hay argumento jurídico que impida a una persona el respeto de su identidad, el reconocimiento por parte del Estado de ser quien es y no otro. La Ley del Nombre que actualmente impide el reconocimiento de la identidad de género a hombres y mujeres trans proviene del gobierno de facto de Onganía; al igual que en cuanto a medios de comunicación se necesitaba una legislación de la democracia, en cuanto al Código Civil una reforma que sea más inclusiva, se vuelve imperante dicha ley, para que la nefasta estadística que atribuye a una travesti en la Argentina una esperanza de vida de hasta los 35 años sea sólo un error más del que aprendió la sociedad.

La Constitución Nacional expresa en su art. 19: “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados”. La aprobación de esta ley no le quita derechos nadie, se los otorga a una minoría históricamente relegada, no toca la institución familiar, no fomenta la producción en serie de travestis como se escucha por ahí, sólo confiere un derecho personalísimo, por ende absolutamente individual y voluntario. Quizás el día de mañana María Pía pueda mirar a la cara a sus hijos y decirles que perdió una batalla, que no consiguió que el Estado la reconozca como tal, pero jamás le dirá que no fue una luchadora, que no se animó a enfrentar un sistema y ser la voz de todas aquellas personas que tienen voz pero son acalladas por el mismo sistema heteronormativo que nos violenta.-

Por Rodrigo Teves.

miércoles, 6 de julio de 2011



A un año de la aprobación del matrimonio igualitario, festejamos con todo para calentar el invierno!!! karaoke, música, tragos, y toda la diversión para hacer arder la noche.



Te esperamos el viernes 8 de julio desde las 22hs en Punto Alvarado. Alvarado 1281



Entrada general $15 con una consumición



Además premios y sorteos toda la noche



No podes faltar!!!!

miércoles, 29 de junio de 2011

Nuestro orgullo es reclamo



Ayer se conmemoró un año más de la revuelta de Stonnewall que dio origen al movimiento de la diversidad sexual organizado, o lo que popularmente se conoce como el Orgullo Gay. Allá por 1969 fue la primera vez que se escuchó el grito de ¡Basta! de uno de los grupos minoritarios más vulnerados en la historia de la humanidad hasta nuestros días; aquel grito se hizo eco en todo el mundo y desde entonces generaciones de gays, lesbianas, bisexuales y trans decidimos hacernos escuchar y ser protagonistas de nuestra historia.

Organizada la lucha bajo consignas claras y concretas, y en medio de un frío que helaba hasta los huesos, ayer, martes 28 de junio se llevó a cabo en la ciudad de Salta la segunda marcha por el reconocimiento de nuestros derechos, la aprobación de la ley de identidad de género y el cese del abuso policial que sufre la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales y trans salteñxs. A las 20:30 partimos desde el teleférico con destino a la legislatura de la provincia con la promesa de ser recibidxs por nuestros legisladores, quienes se habían comprometido tan sólo dos semanas atrás, abrir las puertas de la Cámara y escuchar nuestro reclamo. No bajó nadie, ni la diputada Mónica Petrocelli, quien personalmente se había comprometido a recibir el petitorio que habíamos elaborado, que quedó en mesa de entrada. O sea, que fue a parar la basura, o en el mejor de los casos a una caja que se llenará de polvo puesta sobre algún estante del palacio legislativo.

Una vez más el gobierno de Juan Manuel Urtubey nos niega; aunque ya nos desconoce desde el año 2008 que solicitamos la primer audiencia con él, o con algún funcionario representativo para nosotrxs. Ni Pablo Kosiner, Mónica Torfe, Santiago Godoy o José Vilariño, ni siquiera la misma secretaria de Derechos Humanos de la provincia María Pace, nadie nos da una respuesta. Pero recordemos estos nombres, y como estos funcionarios nos invisibilizan dejándonos fuera de cualquier propuesta de gobierno o política pública alguna, nosotros nos hacemos visibles, ponemos el cuerpo y salimos a la calle a reclamar por nuestros derechos. No pedimos, exigimos; no queremos ofrendas, queremos documentos firmados con nombre y apellido, proyectos concretos como los que presentamos, políticas públicas de inclusión real. Una concordancia con el modelo nacional que pregona la presidenta de los argentinos y las argentinas.

Es por eso que este martes no nos encontró flameando la banderita de los seis colores, bailando música de Madonna o temerosxs, nuestro orgullo es lucha, es reclamo; tenemos propuestas concretas. Estamos hartos de que nos mientan en la cara, queremos una Salta, de una vez por todas libre de discriminación. No más abuso policial, no más educación religiosa en las escuelas; exigimos la derogación de los códigos contravencionales que hacen a la policía de la provincia juez y parte de nuestras vidas. Estamos cansadxs pero más fuertes que nunca, con la firme convicción de que algo hay que hacer porque los crímenes de odio, los suicidios, la discriminación que hay en las escuelas a los niños y las niñas de la diversidad, la impunidad con la que se maneja la policía; todo esto no se lo van a llevar de arriba. Por todo esto y más es que decimos que nuestro orgullo es reclamo.



Prensa y Difusión de ALuDiS

viernes, 24 de junio de 2011

Defendemos una política de Estado

Ante los sucesivos comentarios vertidos en notas del diario El Tribuno respecto a la delegación local del INADI y su lentitud para accionar frente a casos de discriminación en el ámbito provincial, Asociación en Lucha por la Diversidad Sexual (A.Lu.Di.S Salta) hace manifiesto el apoyo institucional al organismo.



Desde su creación, el INADI ha representado para nuestro colectivo una institución democrática proveniente de una política de Estado a favor de los Derechos Humanos que hasta el año 2003 se desconocía. Así también es pertinente señalar que A.Lu.Di.S expresa su apoyo a la institución más allá de la representatividad que signifique para algunos sectores de la sociedad la delegación local, es decir, nuestra asociación siempre se ha mantenido crítica de las políticas públicas, o falta de ellas, impulsadas por el gobierno de Juan Manuel Urtubey, a quien desde el año 2008 venimos solicitando nos reciba; como así también hemos denunciado la falta de respuesta de organismos oficiales de Derechos Humanos ante nuestros reclamos; y con todo aquello que atente contra la lucha del reconocimiento igualitario de gays, lesbianas, bisexuales y trans de la provincia de Salta. Defendemos una política de Estado, no un funcionario o una funcionaria, defendemos una institución que lucha contra la discriminación, no un gobierno que acalla nuestras voces, pues estos pasarán, pero la construcción de una sociedad igualitaria y libre de discriminación quedará para las futuras generaciones es por eso que creemos propicia esta explicación.


Otro aspecto que destacamos del por qué decidimos apoyar institucionalmente a la delegación local del INADI, es que El Tribuno siempre ha mantenido una postura homofóbica y maliciosa hacia nuestro colectivo, ubicándonos continuamente únicamente en la sección Policiales del diario, criminalizando una orientación sexual socialmente considerada no convencional y ridiculizando las personas trans atentando contra la identidad de género; a pesar de los sucesivos pedidos por parte de la delegación de que cesen en el acto discriminatorio y la rectificación en el mismo medio de comunicación, tal cual lo establece la ley.


A.Lu.Di.S sigue y va a seguir construyéndose como un frente de batalla que persigue la reivindicación de todos aquellos sectores sociales históricamente relegados, más allá del gobierno o los funcionarios de turno, es indispensable para una sociedad que se jacte de avanzar que los ataques de medios masivos de comunicación a instituciones que defienden los Derechos Humanos terminen, debido a que, en definitiva, confunden una lucha que llevó décadas instalarla en la agenda política y mediática con intereses particulares. Estas son las razones por la cual A.Lu.Di.S hace manifiesto el apoyo institucional a la delegación local del INADI.

Prensa y Difusión de A.Lu.Di.S


Para más información:
Cel.: (0387) 156853362

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